Engordando en Alemania y adelgazando en España

22 de octubre de 2014

Un título largo y sugerente, ¿verdad?

Pues hoy les quiero contar cómo estoy de satisfecha después de bajar los kilos de más que cogí en Alemania, estando de Erasmus. ¡¡¡¡¡¡¡¡bieeeennn!!!!!!! Para mi fue un gran logro y la verdad que pensaba que no lo iba a conseguir rápido.
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Antes de marchar, amigos que ya habían estado en Alemania, me comentaron que habían cogido kilos allá, que no me extrañara que yo también los cogiera. 
Y así fue, por mi desgracia.
En los 3 primeros meses cogí como 4 kilos, algo impensable e inimaginable para mi, porque yo NUNCA había engordado, aunque lo intentara. Entonces para mi fue un CHOQUE. Luego seguí engordando, como a coger hasta cerca ¡7 kilos!

Es verdad que al llegar allá, empecé a comer un fatal un poco mal: cenas incompletas, comer muchas chucherías, cenas suculentas en casas de amigos, el invierno que hace que quieras comer mucho chocolate... Se juntó todo y yo no me ponía límites, para qué engañarnos.

Hasta que llegó la prueba del guante... los pantalones me empezaron a quedar estrechos, la ropa interior me apretaba, la cara cada vez más redonda... ¿qué me estaba pasando? No podía ser... No tenía báscula en mi piso y creo que fue lo mejor que me pasó con este tema, para no obsesionarme demasiado. 

Me sentía mal, muy mal, porque ya no me gustaba a mi misma. Tampoco quería comprar ropa nueva, porque era un gasto más que consideraba innecesario. 

A la vuelta de Navidad, me propuse empezar a comer sano y a hacer ejercicio regularmente. Como en Enero tenía exámenes, solo intenté mejorar la alimentación. Además, con el frío que hacía no me apetecía salir a correr. Ya en Febrero me lo empecé a tomar serio, pues mis amigos de allá también había cogido algunos kilos (¡por suerte no era la única!) 

Pero... ¿Por qué engordé?

Primeramente, por la bebida nacional alemana: La cerveza. Era imposible no beberla si te gustaba, estaba en cada salida, cena, fiesta... Además, era una bebida muy barata. Por lo que, blanco y en botella. En segundo lugar, la comida del Mensa (cafetería universitaria) era muy barata, pero a la vez muy grasienta y escasamente mediterránea: todo se cocinaba con mantequilla, empanados, puré de papas de sobre y lo más importante... ¡a todo le echan salsa! Y en tercer lugar, allí empecé a comer rápido, lo por que ingería más cantidad. 

Esto tenía que cambiar... Me empecé a interesar por la nutrición, la vida healthy, a comprar y comer productos sanos. Investigaba en Internet y preguntaba a mi padre, que sabe mucho de esto. Mi nevera se llenó de buenos alimentos. También me apunté al gimnasio por PRIMERA VEZ. Sí, nunca había estado en uno, yo soy más de clases dinámicas con monitor, porque si no me aburro. Sin embargo, mis amigos se apuntaron al él y no me quedó más remedio que hacerlo yo también.

¿Y qué pasó? Que no lo logré. Lo que cuidaba en casa, lo descuidaba cuando salía o en viajes. Allá no tenía rutina, por lo que todos los esfuerzos por la buena alimentación se fueron al traste.

Desayunaba leche desnatada con copos de avena, aguacate, me hacía batidos naturales de fruta, comía frutos secos como snacks, compré mucha fruta y verdura, empecé a comprar salmón congelado, a beber agua entre comidas en vez de refrescos, cocinar al vapor... Y vale, puede que lo haya hecho bien, pero al llegar el fin de semana.... ¡adiós vida sana!

No paraba de comerme la cabeza y rallarme por estar así y me sentía culpable de mi aspecto. Es más, pensaba que me iba a costar bajar estos kilos de más. Hablaba con mis padres y amigos del tema, y todos me animaban.

Hasta que un día, decidí parar de comerme el tarro y pensé: Cuando esté otra vez en España, haré vida sana, porque aquí es imposible. Y así lo hice. Seguía cuidándome entre líneas y ya no me martillaba la cabeza con este tema.

Si quieres ver cómo adelgacé en España, haz click para seguir leyendo... 

Ya en España, a partir de mediados de Julio continué comiendo sano, pero esta vez en serio

y más importante, dejé de consumir cerveza y alcohol, y si lo hacía era ocasionalmente

desayunaba leche desnatada con copos de avena, kiwi, pan de cereales, jamón de pavo, aguacate, nueces (no todo junto, sino que variaba según días).

Comía según las calorías que gastaba. 


hacía cinco comidas al día.


Las cenas no eran suculentas, sino que comía pan de cereales con tomate y pechuga de pavo o lomo embuchado. Es decir, siempre una proteína pero poca cantidad de hidratos por la noche. Y si era posible, verduras.
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Y en Septiembre empecé a hacer deporte dos veces en semana. Ah! Una vez o dos veces en semana comía lo que me apetecía, es decir, no me puse ninguna restricción. Lo importante era no cometer más de dos excesos semanales. 

He de decir que al principio me quedaba un poco con hambre, ya que acostumbré a mi cuerpo a comer mucha cantidad. Pero poco a poco, se fue adaptando a la nueva ingesta alimenticia.

A finales de Agosto, principios de Septiembre, ya había perdido entre 3 y 4 kilos. Y en Octubre otro kilo menos. 

Ya se sabe que lo importante no es bajar, sino mantenerse. Para mi fue un reto personal haberlo conseguido. Además, ahora estoy muy interesada en descubrir nuevas recetas, alimentos, cocino de vez en cuando... Es decir, que ya es un modo de vida el comer así. Y cuando como algo con grasas, a los minutos empiezo a tener mucha sed, indicador de que no estoy comiendo bien.

Esta ha sido mi (larga) experiencia luchando contra los kilos de más. No sé si estás o has estado en mi misma situación. 

Si es así, te animo a luchar por la vida sana, que al principio cuesta, pero si te lo propones, al final lo adquieres como rutina. Ahora estoy muy concienciada con el tema, porque sé como estuve y no quiero volver a esa situación. También, porque mi cuerpo nota cuando como bien y cuando no. 


Te animo a contar tu experiencia, seguro que entre todas nos apoyamos y animamos. 

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11 comentarios:

  1. Ay cómo te entiendo. Sigue así que merece mucho la pena.

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    1. Gracias Sonia, no hay mal que por bien no venga ;)

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  2. Yo empecé a hacer ejercico y a comer sano también, no porque engordara si no porque me di cuenta que no comía muy saludable y tenía que cambiar. Un beso

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    1. Que te hayas dado cuenta de eso y hayas decidido cambiar es lo más importante Lorena. Se puede decir que es el punto de partida, el querer cambiar algo.
      Saluditos

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  3. Yo por problemas intestinales y de digestión he empezado a comer más sano y me siento genial. Ahora solo me falta hacer un poco de actividad física.
    Saludos!

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    1. Uff te entiendo! Si es que al final nosotros somos lo que comemos. Yo estoy muy ocupada entre semana, pero dos veces voy a hacer ejercicio junto con más compañeros y luego me siento genial, aparte que no me aburro ;)
      Saluditoos!

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  4. Lo más importante es que hayas adquirido hábitos saludables. Y ya si te sientes bien contigo misma mejor que mejor.
    Besos :)

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    1. Sí, por eso, a pesar de que fue mi peor experiencia en Alemania, ahora lo agradezco.
      Besitos

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  5. yo como bien cuando cocina mi madre, si cocino yo... la cosa cambia! jejeje pero lo que hago es ir al gimnasio casi cada dia y hago mucho mucho cardio, hago tres actividades por semana donde se queman 1000 calorias por sesion!

    me alegro que te vuelvas a sentir bien contigo misma, sigue asi! :)

    un besito y feliz semana!!!

    miventanafavorita.blogspot.com

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  6. Yo, cuando vivía con mi madre comía deliciosamente y muy sano (es lo que tiene tener una madre chef) pero al independizarme empecé a comer de todo y mal. No es que engordara sino que veía celulitis y demás... y ahora, viviendo en pareja pues ya voy mejorando los platos aunque la vagueza me suele poder ¡jeje!

    Organizo un Amigo Invisible entre Blogueras y lectoras en el blog, si te apetece saber más, ¡pásate!

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  7. ¡Hola! Bff yo en este último año he engordado ¡10kilos! Y está siendo horrible el poder quitármelos de encima :S
    Aprovecho para decirte que te he nominado a un premio :)
    Pásate por mi blog para recogerlo >> Marthibis

    Besitos ^^,

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